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En la era actual, las enfermedades mentales aún son estigmatizadas por la sociedad. Hoy día, los científicos a nivel mundial, se enfocan en un solo objetivo; “Cuenta atrás para las enfermedades mentales globales en 2030”. En el mes de febrero, presentaron la iniciativa de lanzar lo que llamaron “colaboración de monitoreo y responsabilidad de múltiples actores en el campo de la salud mental”.

Sin embargo, se ignora la inteligencia artificial como elemento clave para lograr una solución efectiva en estos males. Hay fallas en el sistema de suministro de atención profesional. La población crece a pasos agigantados y los profesionales no son suficientes para atenderlos.

En Zimbabue, por ejemplo, hay solamente 25 profesionales de la salud mental para atender una población de más de 16 millones de habitantes.

Es cierto que el país ha generado algunas iniciativas innovadoras y útiles lideradas por la comunidad, como el “banco de la amistad”, pero  no es suficiente para atender al total de los pacientes.

También es importante tener claro que la falta de acceso a una atención de la salud mental no es un problema exclusivo de países poco desarrollados. En países como Estados Unidos, casi la mitad de la población no tiene acceso a una atención integral de la salud mental. Debido en muchos casos a restricciones financieras y en otros por temor a ser excluidas o discriminados.

Los costos económicos son muy altos. Según datos del 2015, solo en Estados Unidos, hoy día, la carga económica total ocasionada por la salud mental supera los 210.000 millones de dólares. Más del 50% de ese costo se atribuye al absentismo en el lugar de trabajo y a las pérdidas de productividad. Un porcentaje menor /5%)  es atribuido a costos relacionados con el suicidio.

Inteligencia artificial para tratar la salud mental

El especialista en salud, Junaid Nabi opina que las soluciones basadas en IA, serían de gran ayuda, como los chatbots. Estos software podrían actuar como terapeutas virtuales, y ofrecer consejo y apoyo a los pacientes que no tienen otras alternativas. Pueden imitar el lenguaje natural para promover una conversación con un usuario humano.

Investigaciones recientes, realizadas por psicólogos clínicos de la Universidad de Stanford demostró que los chatbots,  eran sustancialmente mejores que solo suministrar  información y consejos al paciente, a la hora de reducir  síntomas de depresión.

En comunidades con insuficiencia de profesionales capacitados para atender la salud mental, la atención provisional provista por los chatbots, sería es especialmente útil. Las soluciones basadas en Internet representarían un gran impulso para tener acceso a la salud mental.

Estos sistemas (los chatbots), también podrían ayudar a superar el problema del estigma. Ya que es posible que interactúen con personas que son reacias a buscar atención psiquiátrica. Estudio recientes determinaron que un 70% de los pacientes están interesados en utilizar aplicaciones móviles para auto-controlar su salud mental.

Asimismo, otro estudio indica que después que los pacientes inician contacto con un chatbot, tiende a expresarse más libremente que con un terapeuta. Esto indica que para ellos es prioritario mantener la privacidad. De esta manera, evitan ser juzgados por las personas.

En este sentido, es necesario que los clínicos y psicólogos, colaboraren de manera más amplia con los desarrolladores de Inteligencia artificial. Ya en Estados Unidos, varias universidades han lanzado programas que conectan a expertos de ciencias clínicas con ingenieros de software. Es importante que estas asociaciones se expandan para incluir a las universidades de otros países.

Especialmente, en países donde hay un alto requerimiento de profesionales y, por lo tanto, no están satisfechos de atención de la salud mental. De esta manera, podrán respaldar el desarrollo de terapeutas que sean virtuales lingüística y culturalmente aptos.

Involucrar actores multidisciplinarios  para el desarrollo de algoritmos también ayudaría a abordar el problema de la discriminación racial y de género. Surgido en la investigación de IA.

Sin duda alguna, son iniciativas que tienen un alto costo.  Las empresas de capital de riesgo hoy invierten 3.200 millones de dólares al año en investigación y desarrollo sobre la salud global. Sin embargo, deberían ampliar el alcance de sus inversiones e incluir tecnologías que contemplen IA para  atención psiquiátrica.

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