Tos ferina

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La tos ferina (pertussis) hace referencia a una enfermedad infecciosa, caracterizada por ser aguda y por ser una enfermedad de las vías respiratorias, esta es provocada por la bacteria Bordetella pertussis. La tos ferina actualmente ya no se denomina como enfermedad puramente infantil, la razón se debe al incremento de la incidencia en jóvenes y adultos. Hoy en día, están inmunizados gracias a la vacunación, alrededor del 90% de los niños en edad escolar.

La tos ferina es transmitida a través de contagio que se expone por medio de estornudos o tos. Los síntomas iniciales de la tos ferina son bastante parecidos a los de un resfriado común: mucosidad, estornudos, ronquera y tos moderada. Los ataques de tos que son representativos e indicativos de la tos ferina se desarrollan transcurridas unas dos semanas. La enfermedad cede por si misma lentamente tras el paso de varias semanas. En otoño e invierno es cuando se presenta e incrementa el número de casos de tos ferina.

Posteriormente, tras el inicio del tratamiento de la tos ferina con antibióticos, transcurre un lapso de unos cinco días hasta que los pacientes dejan se ser contagiosos.

A través del uso el uso de una vacuna se puede disponer de una protección efectiva contra la tos ferina. Los jóvenes y adultos tienen la opción a su disposición de una dosis de recuerdo de la vacunación, la razón es porque la a inmunidad que confiere la vacunación persiste sólo unos cuatro a 12 años. Seguido de una enfermedad natural se dispone con cuatro a 20 años de inmunidad.

 

Definición de tos ferina (pertussis)

La tos ferina (pertussis), es un término que deriva en una infección bacteriana aguda de las vías respiratorias, esta infección es desencadenada por la bacteria Bordetella pertussis. Esta patología se caracteriza por contar con un alto grado de contagio y los ataques de tos se convierten altamente mortales y son ataques son típicos especialmente en los bebés.

En España, la tos ferina se consolida como una enfermedad de notificación obligatoria.

Durante los últimos años, el número de personas que enferman a causa de la tos ferina ha aumentado, en especial adolescentes y adultos en los países industrializados. Sin embargo hoy en día, en España se estima que alrededor del 95% de los niños en edad escolar se encuentran vacunados contra la tos ferina, pocos piensan en una dosis de refuerzo. Por tal razón, los adultos se convierten vez más transmisores potenciales de la tos ferina.

 

Causas de la tos ferina (pertussis)

La causa de la tos ferina (pertussis) se trata específicamente de una infección desencadenada por la bacteria Bordetella pertussis, esta prolifera en las membranas mucosas del tracto respiratorio humano y segrega un veneno específico: la toxina pertussis (TP), quien es la responsable de aflorar los síntomas de la enfermedad. El veneno se encarga de destruir las membranas mucosas, por otra parte daña el tejido circundante y la vez debilita el sistema inmunológico.

El medio de propagación de la bacteria Bordetella pertussis, responsable de provocar la tos ferina, es por medio de gotitas de saliva al toser, estornudar, besar y compartir la misma vajilla.

Seguidamente de la infección, pasa un periodo de tiempo de aproximadamente unos 7 a 20 días hasta el momento que se manifiestan los primeros síntomas, esto se conoce como período de incubación. Tras culminar el período de incubación, el riesgo de ser infectado se eleva aún más y disminuye progresivamente después de la sexta semana de la enfermedad.

Cualquier persona que haya sido afectada por la tos ferina, puede gozar después de varios años de inmunidad a la enfermedad. La protección no puede prolongarse durante toda la vida, por lo tanto se aconseja una dosis de recuerdo de la vacuna.

 

Síntomas de la tos ferina (pertussis)

La tos ferina (pertussis) puede segmentar en tres etapas, estas etapas se condicionan de acuerdo a los síntomas:
Fase similar al resfriado (fase catarral)

La fase catarral se prolonga aproximadamente una a dos semanas. Los síntomas se asimilan a los de un resfriado común. Estos pueden ser:

– Estornudos.
– Secreción nasal.
– Ronquera a veces.
– Fiebre leve.
– Tos moderada, que progresivamente produce accesos de tos.
– Conjuntivitis.

Fase de convulsiones (fase paroxística)

La etapa paroxística puede extenderse de tres a seis semanas. Los síntomas destacados de esta fase son los siguientes:

– Ataques de tos característicos de la tos ferina, acompañados con explosiones súbitas y breves.
– Secreción dura y cristalina.
– Accesos repetidos y violentos de tos de tos que generan arcadas y vómitos.
– Incremento de molestias por la noche.
– Raras veces fiebre.

Fase de recuperación (fase decremental)

En esta etapa los síntomas se desvanecen lentamente. También a esta etapa se le denomina etapa de convalecencia. Las molestias suelen desvanecerse gradualmente trascurridas seis a diez semanas.

 

Diagnóstico de la tos ferina (pertussis)

En la tos ferina (pertussis), para consolidar un diagnostico se toma referencia de los ataques de tos representativos.

Durante las primeras etapas de la infección el médico puede identificar la bacteria Bordetella pertussis que desencadena la tos ferina, a través de una muestra de la faringe.

Por otra parte, en las secreciones de nariz y garganta también se puede localizar y detectar el agente empleando un método especial: a denominada reacción en cadena de polimerasa (PCR), que puede dividir el

ADN del patógeno y permite analizarlo. Este procedimiento es muy difícil, razón por la cual implica altos costos.

En la evolución posterior de la tos ferina, es posible detectar la bacteria por medio de anticuerpos en la sangre. No obstante, esto únicamente es posible durante la primera fase de ataque (fase paroxística).

 

Tratamiento de la tos ferina (pertussis)

En la tos ferina (pertussis) está indicado un tratamiento precoz con antibióticos, por ejemplo, como eritromicina y cotrimoxazol. Cuanto antes se inicie el antibiótico, más rápido y fácil es el proceso de curación.

Una vez que una persona se ha infectado con la bacteria Bordetella pertussis, ya no puede impedir el brote de la enfermedad. Los antibióticos no alivian los síntomas, pero sin embargo asegurarán que la persona sea menos tiempo contagiosa. Después de iniciar el tratamiento pasan unos cinco días hasta que desaparece el riesgo de infección.

Los bebés necesitan ser hospitalizados debido a que muchas veces no pueden expulsar las flemas por sí solos, por lo necesitan un medio de succión.

 

Evolución de la tos ferina (pertussis)

La tos ferina (pertussis) generalmente tiende a presentar tener una evolución prolongada que puede extenderse desde unas cuantas semanas hasta varios meses. Especialmente en los bebés, la tos ferina habitualmente más compleja, pues aunque los ataques de tos son menos potentes, estos pueden producir apnea. Por otra parte, ya en el primer año de vida pueden presentarse complicaciones, como por ejemplo:

– Infección pulmonar (neumonía).
– Inflamación del oído medio (otitis media).
– Ensanchamiento anormal de los bronquios (bronquiectasia).
– Inflamación del cerebro (encefalitis) que puede producir convulsiones).

 

Prevención de la tos ferina (pertussis)

La medida de prevención efectiva contra la tos ferina (pertussis) se trata de la vacuna. Además es fundamental evitar el contacto con personas infectadas para minimizar las posibilidades de contagio.

Para contar con una barrera de protección contra la tos ferina, en primera instancia se requiere la llamada vacunación básica, que se compone de varias etapas.

El médico generalmente realiza una combinación de las vacunas y las renovaciones en una vacuna contra el tétanos y la difteria.

– Vacunación 1 – 3: las 3 primeras vacunas contra la tos ferina deben ser administradas a la edad de 2, 4 y 6 meses.
– Vacunación 4: para completar la serie primaria, a los 18 meses, es preciso la administración de otra vacuna.
– Refuerzo 1 a la edad de 4 a 6 años.
– Refuerzo 2 a la edad de 10 a 17 años.

 


 

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