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Neumonía

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La neumonía se posiciona como una de las enfermedades infecciosas más frecuentes, y se presenta especialmente durante los meses de frío. Una neumonía hace referencia a una infección del pulmón que es desencadenada por un agente patógeno. El riesgo de sufrir una neumonía es e probablemente más elevado en aquellas personas que presentan un sistema inmunitario debilitado, por ejemplo en ancianos y en niños de corta edad.

La neumonía es desencadenada en el mayor número de los casos por bacterias. Entre estas bacterias, las más frecuentes son los denominados neumococos, estas bacterias con las responsables del 49% de todas las neumonías que se desarrollan específicamente en España.

Entre otras causas, pero en menor frecuencia, la enfermedad es originada por virus u hongos. Los organismos patógenos ingresan a los pulmones y desatan una inflamación del tejido pulmonar. El contagio de la neumonía por lo general sucede por medio de gotitas respiratorias expulsadas al momento de estornudar, hablar o toser.

En España se estima que 14 de cada 1.000 personas se ven afectadas por una neumonía durante el año y más de un 20% precisan de un tratamiento hospitalario. Los tratamientos empleados para tratar una neumonía son en su mayoría determinados medicamentos que contienen principios activos con el propósito de atacar de forma activa los agentes patógenos responsables de generar la infección. En situaciones de neumonía bacteriana son efectivos en tales casos los antibióticos.

Entre tanto, en aquellas personas jóvenes y sanas, lo más frecuente es que la neumonía curse sin dejar consecuencias. No obstante, en personas inmunodeprimidas se presenta la posibilidad de que puedan manifestarse ciertas complicaciones, que en condiciones específicas conllevan un determinado riesgo para la vida. Las neumonías que son generadas por agentes patológicos hospitalarios, donde el contagio es obtenido durante los ingresos en centros de atención sanitaria – infecciones nosocomiales, son casos complejos y difíciles de tratar. Esto es debido a que estos organismos se caracterizan por ser resistentes a los medicamentos actuales.

En la actualidad existen vacunas contra los agentes responsables de provocar esta esta enfermedad, son los denominados neumococos. La vacuna antineumocócica es fundamentalmente enfocada para los niños menores de dos años, las personas mayores de 60 años y aquellas personas que padecen inmunodeficiencias congénitas o adquiridas, como ser la infección del VIH y enfermedades cardiovasculares.

 

Definición de neumonía

La neumonía se define como una inflamación del tejido pulmonar, esta inflamación es provocada por agentes patógenos, en la mayoría de los casos son a través de bacterias y en casos pocos frecuentes, por virus u hongos.

A la vez, se supone la existencia de determinados estímulos químicos o físicos, como ser la inhalación de gases tóxicos o la ingestión de determinado objeto, que atacan al tejido pulmonar y desembocan en una neumonía. En tales casos mencionados, los médicos hablan de neumonitis.

 

La clasificación de una neumonía se establece con base a diversos criterios:

1. con base a la zona afectada por la inflamación, es decir su localización en el pulmón:
– Neumonía intersticial: en este patrón de neumonía es representativa por inflamar el tejido que rodea los alveolos pulmonarest.
– Neumonía alveolar: en tal clasificación la inflamación afecta a los propios alveolos pulmonares.

2. con base de la extensión afectada:
– Neumonía segmentaria: la pulmonía se esparce entorno a un segmento pulmonar. Pueden presentarse uno o varios focos inflamatorios. Además es denominada neumonía lobulillar.
– Neumonía lobular o lobar: afecta a un lóbulo pulmonar.

3. con base al lugar de contagio:
Otro de los modelos de clasificación la neumonía, se basa en tomar como indicativo el lugar donde se ha generado el contagio del agente patógeno:

4. En función del agente patógeno:
Para tal criterio se distingue entre neumonía típica y atípica.
La neumonía típica es caracterizada por que sus desencadenantes son bacterias.
Entre tanto la neumonía atípica es menos común, en términos generales está causada por virus y/o micoplasmas.

 

Causas de la neumonía

Los agentes originarios fundamentales de la neumonía son las bacterias, virus, hongos o parásitos. Es por tal razón que el mayor número de las neumonías son generadas por una infección bacteriana. En especial por los denominados neumococos, quienes asumen la responsabilidad en u 49% de los casos de neumonía en España.

Neumonía típica:
– Bacterias: Estreptococos (S. pneumoniae),
– Haemophilus influenzae

Neumonía atípica:
– Bacterias: Micoplasmas (M. pneumoniae),
– Clamidias (C. psittaci, C. pneumoniae),
– Legionelas (L. pneumophila),
– Rickettsias (Coxiella burnetii)

Neumonía nosocomial:
– Bacterias: Estafilococos (S. aureus),
– Enterobacterias (E. coli, klebsiellas)

Neumonía en inmunodeprimidos:
– Bacterias: Estafilococos (S. aureus), Micobacterias
– Virus: Citomegalovirus (CMV)
– Hongos: Pneumocystis jiroveci, Candida, Aspergillus

En la neumonía, los métodos de contagio son diversos, entre los cuales se presenta a través de las vías respiratorias: los agentes patógenos, que provienen del espacio nasofaríngeo del propio paciente o de las gotitas de tos o estornudos de otra persona que presente la infección, llegan a penetrar los pulmones. Otra vía de contagio es la llegada de los a los pulmones desde otros órganos por medio del torrente sanguíneo, sin embargo esta forma de contagio es poco habitual.

 

Síntomas de la neumonía

Los síntomas de la neumonía son diversos y dependen del tipo de neumonía y del agente patógeno responsable.
Neumonía bacteriana: escalofríos, con una prolongación de entre treinta y sesenta minutos, posteriormente fiebre y tos, complementado con malestar general, tos con esputo en un principio de color marrón-rojizo cambiando de amarillo-verdoso. Es común que la tos está precedida por una infección de la parte alta de la garganta o la faringe.

Si la neumonía ha sido originada por Streptococcus pneumoniae, denominados neumococos, los síntomas representativos son la fiebre alta, dificultad respiratoria, respiración rápida y superficial, dolor al inspirar, la piel de las personas afectadas suele adquirir una coloración azulada o violácea (cianosis).

 

Neumonía viral

Las neumonías que son desencadenadas por virus son poco comunes, se caracterizan por una transición más lenta en comparación de la neumonía bacteriana. Los fundamentales son la cefalea y el dolor articular. En casos aislados se acompañan con escalofríos. La tos es persistente y dolorosa para el paciente, con menos recurrencia se presenta el dolor al respirar y en forma general los afectados sufren menos malestar en comparación a aquellos aquejados de neumonía bacteriana.

 

Diagnóstico de la neumonía

El diagnostico consiste en las molestias fundamentales de la neumonía de las cuales está siendo padecido el afectado, siendo estas los primeros indicios de la enfermedad. Seguidamente se recurre a una exploración física de pulmones y el corazón para percibir determinados sonidos significativos de la presencia de la enfermedad.

Ante la sospecha de la presencia de la enfermedad se procede a ratificar le diagnóstico de neumonía a través de diferentes métodos de exploración:

Examen radiológico: se trata de una radiografía de los pulmones para determinar posibles signos de inflamación y especificar el lugar de origen de la neumonía y las causas que la han desencadenado

Analíticas: este método hace posible detectar la presencia de agentes patógenos como ser bacterias, virus oder hongos, en la sangre y en el esputo.

Hemograma: permite contar con indicativos de la existencia de una inflamación en el cuerpo. Por otra parte valores específicos sanguíneos ayudan a definir el tipo de patógeno.

 

Tratamiento de la neumonía

El tratamiento frente a una neumonía se condiciona a cada caso en específico. Es normal que se indiquen tratamientos farmacológicos que se acompañan con medidas complementarias. De acuerdo al tipo de organismo patógeno responsable de desencadenar la inflamación se indican los siguientes fármacos:

– Antibióticos en caso de neumonía bacteriana.
– Fármacos fungicidas, frente a neumonía por hongos.
– Medicamentos contra parásitos.

En determinados casos la neumonía puede implicar una disnea, por lo que se recurre a la administración de oxígeno. En caso de presentarse una insuficiencia pulmonar aguda, puede ser necesaria la respiración asistida.

 

Evolución de la neumonía

Una neumonía puede evolucionar tras una fase aguda una neumonía crónica. Cada caso presenta un cuadro clínico distinto y atiende a la peculiaridad de cada caso.
Existen factores que conllevan complicaciones como la edad avanzada y los inconvenientes de salud, por ejemplo en el corazón o pulmones, que desfavorecen al curso de la infección.

 

Prevención de la neumonía

La prevención de la neumonía se basa en las siguientes indicaciones:

– Considerar las medidas de higiene para evitar un posible contagio.
– La vacuna antineumocócica, una de las medidas efectivas prevenir una neumonía y favorecer a la evolución en caso de que se manifieste.
– Hábitos de vida saludables, evitando el consumo de tabaco y el consumo de alcohol, estado nutricional saludable y una buena hidratación.

 


 

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