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Hepatitis C

Hepatitis C
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La hepatitis C es un término que hace alusión a una inflamación hepática que es originada por la infección proveniente del virus de la hepatitis C (VHC).

Frente a esta patología se requiere la notificación de pacientes con hepatitis C de manera obligatoria según lo establece la legislación española.

La transmisión de la infección por hepatitis C es generada principalmente a través de la sangre: siendo una de las principales causas de hepatitis viral más habitual, como resultado de transfusiones de sangre. El patógeno responsable puede llegar a transmitirse a través de otros fluidos corporales, tales como el semen e incluido la leche materna, pero este último punto sucede muy extrañamente.

Tras el contagio con el virus de la hepatitis C, la infección generalmente tiende a pasar desapercibida, lo que se conoce como hepatitis asintomática, o bien pueden presentarse síntomas leves inespecíficos semejantes a los de una leve gripe. En algunas situaciones, incluso, después de un período de incubación que oscila entre 2 a 24 semanas, puede surgir una hepatitis aguda C, y es en tales casos donde hacen presencia síntomas como diarrea, malestar general, dolor de cabeza, dolor corporal, carencia considerable del apetito, y en ciertos casos puede manifestarse ictericia.

Se estima que aproximadamente el 30% de las personas infectadas por dicho virus, la hepatitis C tiende a ser leve, y se resuelve después de la etapa aguda de la enfermedad sin causar daño permanente alguno.

No obstante un considerable número de las infecciones resultan siendo crónicas, esto representa un 80%. Es el virus hepatropo que cronifica con mayor frecuencia.

Es común que la hepatitis C crónica en sus primeras instancia tienda a pasar desapercibida, razón por la cual muchas personas no se dan cuentan que están infectadas. Dado que una hepatitis C crónica y prolongada puede originar un daño hepático como ser cirrosis o cáncer de hígado, es importante y vital detectar la enfermedad, esto con el afán y su vez siendo un medio para emplear medidas terapéuticas que puedan detener el daño continuo del hígado. A través de un simple análisis de sangre se puede dictaminar r si existe una infección por hepatitis C o no.

Para el tratamiento de la hepatitis C se suele recurrir al empleo del interferón alfa-2a y agentes específicos contra los virus denominados llamados anti-virales. Considerando o que no existe aún ninguna vacuna efectiva contra la hepatitis C, es importante implementar las recomendaciones generales de precaución para evitar al máximo la infección por el virus de la hepatitis C.

 

Definición de la hepatitis C

El termino hepatitis C proviene del griego hépar, hépatos = hígado, -itis = inflamación. Dicha inflamación es provocada por el virus de la hepatitis C (VHC) el cual genera una inflamación del hígado. La hepatitis C puede implicar un daño las células del hígado prolongadamente y a su vez puede desarrollar alteraciones de la función hepática.

Como datos de incidencia, se estima que en España, el impacto y relevancia de la hepatitis C ronda entre el 1,6 y el 2,6% de la población, por lo cual es posible estimar que debe de haber entre 480.000 y 760.000 personas infectadas por el VHC. Esta patología tiende a perjudicar especialmente a aquellas personas adictas que se inyectan drogas, a las personas que reciben transfusiones de sangre regularmente tal es el caso de hemofilia, y a pacientes de diálisis y trasplantes.

 

Causas de la hepatitis C

En relación a las causas la infección por hepatitis CP radica en un patógeno determinado, el virus de la hepatitis C (VHC). Al referirse a este virus, se trata de un virus ARN de cadena única que es integrante de la familia de los denominados flavivirus, los cuales fueron descubiertos en 1989. Hasta entonces únicamente se conocía que la inflamación del hígado no era generada por el virus de la hepatitis A ni por el virus de la hepatitis B. En consecuencia, la enfermedad fue denominada hepatitis no A no B (nAnB).

Por otro lado, Los agentes causales de la hepatitis C se dividen en 6 tipos en relación a las diferencias en sus genes, denominado genotipos, los cuales reflejan una distribución geográfica específica. Por tal razón en Europa y los EE.UU. tiende a tener más impacto el virus de hepatitis C con genotipos 1, 2 y 3, mientras tanto que en África tiene mayor relevancia la hepatitis C de tipo 4.

 

Síntomas de la hepatitis C

Es común que la hepatitis C no refleje síntomas, o bien manifiesta síntomas reducidos y que son poco evidentes, por ejemplo semejantes a la gripe. Únicamente el 25% de las personas infectadas de hepatitis C aguda manifiestan a signos de la enfermedad. Los síntomas agudos de la hepatitis C son los siguientes:

– Fatiga.
– Decaimiento.
– Dolor de cabeza.
– Pérdida del apetito.
– Pérdida de peso.
– Dolor muscular y articular.
– Percepción de presión en la parte superior derecha del abdomen.
– Fiebre.

En un 80% de los casos de hepatitis C aguda, esta implica una forma crónica de inflamación del hígado.

En aproximadamente en el 20% de las personas con hepatitis C crónica se llega a producir la cirrosis del hígado, término que se deriva del griego kirrhos = amarillo). En estas situaciones el tejido del hígado se reduce y se endurece, por lo que los lóbulos del hígado pierden su capacidad para funcionar.

 

Diagnóstico de la hepatitis C

En la hepatitis C se puede confirmar un diagnóstico a través de un sencillo análisis de sangre, este por lo general puede demostrar si existe o no infección de hepatitis C a través de pruebas especiales para detectar los componentes de los virus de la hepatitis C (VHC) — que a su vez son conocidos como antígenos del VHC — así mismo como anticuerpos específicos contra el virus en la sangre.

 

Tratamiento de la hepatitis C

En la hepatitis C, se considera vital el emplear un tratamiento temprano: si en los primeros cuatro meses tras la infección por hepatitis C, se emplean las medidas correctas a través del empleo de un tratamiento de 24 semanas con ranitidinaInterferón Alfa-2a, con el propósito de aumentar las defensas del propio cuerpo, lo que se conoce como llamada, la inflamación aguda del hígado es por lo general y casi siempre curable.

 

Evolución de la hepatitis C

La infección por hepatitis C suele progresar sin incidentes relevantes, con cierto alejamiento o ausencia de síntomas, o bien con síntomas muy poco característicos que pueden semejarse a los síntomas de la gripe.

Únicamente en casos totalmente extraño puede conllevar a complicaciones graves como ser insuficiencia hepática aguda y complicaciones extrahepáticas como ser la inflamación del páncreas, de los músculos del corazón o de los pulmones.

En el 80% de las infecciones agudas de hepatitis C, estas pueden convertirse en crónicas, lo que desemboca en un 20% de los casos al daño permanente del hígado, con cirrosis hepática e insuficiencia hepática crónica.

 

Prevención de la hepatitis C

La prevención de la hepatitis C consiste en emplear precauciones generales que consiste en control cuidadoso de los productos de sangre detectando dentro de lo más posible anticuerpos anti-HCV y antígenos del VHC, así mismo como el empleo de virus inactivados, o la ingeniería genética de los factores de la sangre.

 


 

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