Cirrosis Hepática

Cirrosis Hepática
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El conjunto de diferentes enfermedades que afectan al hígado elevándolo a estadio avanzado o final, es el concepto al que se le determina Cirrosis Hepática. Los daños consecutivos y constantes de los tejidos del hígado provocan la contracción y el endurecimiento de ese mismo. La cirrosis hepática en general es una enfermedad irreversible.

Derivado de diversos factores, las causas que influyen en la aparición de la cirrosis hepática son variadas, En la mayoría de los casos (un 50%) la cirrosis hepática es originada por un consumo excesivo de alcohol. Otras causas que abren brecha a la aparición de la cirrosis hepática y que se presentan frecuentemente son las inflamaciones del hígado provocadas por virus como la hepatitis B, la C o la D. En un porcentaje reducido de casos cirrosis hepática puede emerger por enfermedades metabólicas hereditarias tales como la hemocromatosis, en la que se da un almacenamiento excesivo del hierro, la fibrosis quística, en la que se produce demasiada mucosidad. También es considerado que se deba a daños producidos por medicamentos o productos químicos.

Los síntomas que se presentan ante un escenario de cirrosis hepática pueden acontecer con una intensidad muy diferente e incluso no existir. Dentro de los signos más comunes que refleja un cuadro clínico de cirrosis hepática y son síntomas generales como ser la pérdida de energía, minoración de la concentración y fatiga. Muchos de los pacientes diagnosticados con cirrosis hepática experimentan una presión o sensación de hinchazón por encima del ombligo.

Para la detección de la cirrosis hepática es preciso la exploración clínica (palpación del hígado y del bazo), pruebas de laboratorio y ecografía.

Además es poder establecer un grado de gravedad de la cirrosis hepática se emplea la conocida escala Child-Pugh o clasificación Child-Pugh. A través de ésta se determina la función hepática y provee información acerca del pronóstico de la cirrosis hepática. Los resultados Child A son el mejor pronóstico, siendo Child C el peor.

 

Definición de cirrosis hepática

La destrucción de los tejidos y de la estructura vascular del hígado es definida como cirrosis hepática. La cirrosis hepática provoca la contracción y endurecimiento del hígado, esta acción en el hígado desencadena cambios en su estructura original. A través del paso del tiempo en el hígado va proliferando el tejido conjuntivo, concepto al que se denomina hígado cirrótico. Los cambios restringen todas aquellas funciones del hígado, lo que con el tiempo y si se da un empeoramiento, puede arrastrar complicaciones que pueden poner en riesgo la vida del afectado.

De acuerdo a la apariencia que refleja el hígado, la cirrosis hepática se organiza en tres tipos: la cirrosis micronodular, la macronodular y un tipo mixto, que presenta tanto nódulos pequeños como de gran tamaño.

Las cifras de morbilidad y mortalidad en el mundo en referencia a la cirrosis hepática son elevadas. Se reportan alrededor de 800.000 muertes anuales a nivel mundial. La cirrosis hepática en los hombres es dos veces mayor que en las mujeres. De acuerdo a los análisis de los expertos, la prevalencia de la cirrosis en España es de entre 1 y 2% de la población, siendo más frecuente en varones a partir de los 50 años.

 

Causas de la cirrosis hepática

Un historial de diversas enfermedades que afectan al hígado por una amplia gama de causas, concluyen en la patología denominada cirrosis hepática.

En un porcentaje bajo de los casos de pacientes con cirrosis hepática no se señala el consumo excesivo de alcohol ni el virus de la hepatitis el desencadenante de la cirrosis. Una de las causas poco frecuentes se encuentra algunos trastornos metabólicos hereditarios como ser la enfermedad de Wilson, en donde se produce un trastorno de la excreción de cobre, o la hemocromatosis en la que se da una mayor capacidad del almacenamiento del hierro.

En un reducido número de casos la cirrosis hepática puede ser causada por medicamentos, sustancias químicas o enfermedades tropicales como la disentería amebiana o cólera.

 

Síntomas de la cirrosis hepática

Existe un 25% de los casos de pacientes con cirrosis hepática que no presentan síntomas, lo que se conoce en medicina como cirrosis hepática latente.

En general los síntomas de la cirrosis hepática suelen ser diversos presentando diferentes grados de gravedad de acuerdo al paciente.
Indistintamente de la causa que provoca la cirrosis, existen síntomas generales que los afectados pueden padecer:

– Agotamiento
– Presión o sensación de hinchazón por encima del ombligo
– Malestar general
– Pérdida de peso
– Náuseas y vómitos

Los síntomas también pueden exteriorizarse en la piel presentando telangiectasias (arañas vasculares), en el cuello y el rostro, se reflejan en forma de nódulos vasculares puntiformes, de los que salen pequeños capilares como si se tratara de una tela de araña, enrojecimiento del pulgar y el meñique, labios y lengua muy rojos y brillantes, prurito, uñas totalmente blancas, adelgazamiento de la piel.

 

Diagnóstico de la cirrosis hepática

El diagnóstico de la cirrosis se estable con base a las causas y a las posibles enfermedades de plataforma del paciente.

Para la detección de la cirrosis hepática también se considera preciso la exploración clínica (palpación del hígado y del bazo), pruebas de laboratorio y ecografía.

La cirrosis hepática que es desencadenada por el exceso de alcohol, medicamentos o por sustancias tóxicas, puede diagnosticarse en el mayor porcentaje de los casos gracias a la información que brinda el paciente.

También puede ser considerada una biopsia hepática, en la que el médico, con la ayuda de una aguja, extrae una prueba del tejido hepático.

 

Tratamiento de la cirrosis hepática

El tratamiento para la cirrosis dependerá en gran parte de las causas que están interviniendo en el origen y desarrollo de la misma.

Indistintamente del estado en el que se encuentre el hígado, se recomienda:

– Evitar el consumo de sustancias dañinas para el hígado como el alcohol y determinados medicamentos.
– Alimentarse con una dieta equilibrada, rica en proteínas y vitaminas, Tratar de contribuir a la defecación, para contribuir a la función de desintoxicación. A excepción de situaciones en las que el cerebro se encuentra dañado consecuencia de una mala función de desintoxicación del hígado (encefalopatía hepática), en tal caso se deberá evitar el consumo de proteínas.
– Enmendar las alteraciones del balance electrolítico (como carencia de potasio) y del equilibrio ácido base.

 

Evolución de la cirrosis hepática

La evolución de la cirros depende en considera medida de las causas que la desencadenen y del tratamiento que se establezca, pudiendo recuperar cierta parte del hígado dañado.

Si se cuenta con un 15% del tejido del hígado sano, el hígado puede desarrollar y cumplir sus funciones. Lamentablemente los daños ocasionados por la cirrosis hepática no se pueden solventar definitiva, razón por la cual no se afirma y no es posible la cura completa.

 

Prevención de la cirrosis hepática

La prevención contra la cirrosis se basa en eludir todos aquellos posibles desencadenantes. Por ejemplo:

– Evitar el consumo de alcohol o consumirlo con moderación.
– Vacunación frente a la hepatitis B.
– Evitar el contacto con disolventes.

 


 

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